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Las caza-asientos

Mujeres de las 4 décadas, y 5 también. Viejas cajetudas que desayunan con vinagre, portadoras de inamovibles caras de orto. Esas son las caza-asientos, tanto si viajan en tren, subte o colectivo son capaces de mostrar una insólita y oportuna elasticidad en el instante en el que se desocupa un asiento. Culonas y toscas chocan cuanto cuerpo se encuentre en la línea imaginaria de sus caderas faloprivas y el lugar de reposo. No les importa que uno esté más cerca, es más; si uno se corrió para que la persona que estaba por levantarse pudiera salir con comodidad, mejor para ellas.

Estas mujeres a las cuales sólo he tenido el placer de ver en acción en acotadas oportunidades creen ser las propietarias de cualquier asiento por derecho divino. Y no es que uno sea un malparido y no le ceda el asiento a la viejita, son señoras de 40 a 50 sin ninguna imposibilidad visible de viajar paradas. Es por esto que el Lic. Emil Roichembaj Jéfe de Cátedra de Geronchudología en la Universidad Anglosajona de Minasschotas desarrolló la globalmente aceptada teoría del culo latente.

La teoría del culo latente afirma que estas señoras poseen unas posaderas que ansían placer. Es harto evidente que al comportarse así por un asiento, en convivencia son las descendientes directas de Anna O. Por eso al costarles tanto a estos avejentados culos adquirir un falo condescendiente proyectan sus pulsiones sexuales a lo único dispuesto a apoyarlas; un asiento. Esto explicaría por qué han desarrollado un sentido más agudo de la observación. Son capaces de determinar quién se va a levantar por el movimiento de una cartera, por el cerrar de un libro, etc. Cuando fijan su presa se acercan, jamás pidiendo permiso, hasta estar a un empujón ortal de distancia.

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