Un Perro Sorete

¿Qué culpa tiene el perro de tener ganas de cagar si el verdadero hijo de puta es el que no lo quiere levantar? Se preguntaban los Quilapayún dando inicio a su famosa canción “que la tortilla se vuelva” evidentemente influenciada por el sorete> torta> tortilla.

El caso del Perro Sorete, el del sorete de perro y el del dueño que silva y mira para arriba en una consagrada escena teatral de me estoy haciendo el pelotudo se unen en un punto en común. La vereda de tu casa. Ya sea que viva uno en un edificio o en una casa, le es inevitable sentir la vereda como una extensión del amor por lo propio que inunda a la colectividad capitalista desde el primer garrote. Es por eso que al ver tanta abundancia de mierda derrochando aroma y minando todas las calles de la Ciudad Carente de Buenos Aires uno se pregunta, y con derecho. ¿Si elegís tener un perro, no es lo mínimo que podés hacer levantar los soldados caídos que va esparciendo tu fábrica peluda de excrementos?

La respuesta obligada es NO, parece que a la mayoría de las personas que eligieron tener como mascota a un perro les chupa soberanamente un huevo que uno camine por la vereda pisando la cagada de sus mascotas. Es más si alguno intentó decirles algo a estas personas y salió airoso en el intento de concienciación exceto-social que me haga saber el método.

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